Tired of Boys? Try a Man!

Salomón, el perro calentorro (que se las lleva a todas de calle)

S

Tengo un perrito adorable, un Jack Russel con ojos de corazoncito y la habilidad de enamorar a cualquiera con una mirada. Mide 10 cm y una banana, pero está convencido de ser un león: consigue mirar a cualquier otro perro por encima del hombro, aunque se trate de un Dobermann, un Gran Danés o un San Bernardo. Es el jefe del barrio: camina ufano, sobre esas patitas musculosas pero finas como un par de palitos de pan, poniendo en su sitio a ancianitas, mensajeros de Amazon y repartidores de Deliveroo. Siempre me lía alguna… pero es imposible enfadarse, cuando Salomón pone ojitos de corazoncito.

Sí, lo llamé Salomón porque me hacía gracia el contraste entre la grandeza del nombre y su tamaño extra-small. El problema es que él debe haber interiorizado el estatus de su ilustre homónimo… y hace de todo para copular regiamente con mis mujeres.

Imagen del relato de Salomón, el perro ligón
Salomón, el Perro Calentorro


Yo me esfuerzo en encontrarlas, seducirlas, cocinar para ellas y… él las acecha, exhibe su mirada más tierna, trae su pelota para que jueguen. Al final ellas, inevitablemente, se enamoran de él:
«¡No querrás atarlo, ¿verdad?! Es tan adorabllleee… dejémoslo aquí, junto a nosotros».
Y el muy cabrón viene a pedir cuentas cuando follamos: lame sus pies, es habilísimo para esquivar mis patadas mientras intento alejarlo, aprovecha la distracción del momento para subirse a los cojines. Hasta que se pone en medio de nosotros, y finalmente la chica me permite atarlo a los pies de la cama. Ah, cómo se queja. ¡Y cómo se queja! Parece Mussolini en los talk shows. Pero aquí el escenario es mío, y él está confinado en segundo plano.

Por desgracia, sin embargo, se trata de una victoria provisional: acabado todo, vuelven a él. Inevitablemente.

Salomón en acción: el perro ligón

El rival de cuatro patas

Yo busco el amor y acabo confinado al papel de hombre-objeto, de intermediario para llegar a mi perro.

Alguna incluso se ha adelantado:

Foto de Salomón, el perro ligón
Bueno, como animal ya estoy yo…
Foto de Salomón, el perro ligón
¡Menudo golazo para un perro!


Digamos que ya me he acostumbrado y que entre Salomón y yo reina una paz armada. Ayer, sin embargo, se pasó de la raya. Hemos llegado a las represalias.

Breve flashback.

Ilustración de Salomón, el perro ligón

PelleDiLuna entra en escena

Veo a PelleDiLuna en un sitio de citas: un cutis clarísimo, sobre el que contrasta una melena rojo carmín… y tú sabes cuánto me gustan las pelirrojas. Por ojos tiene dos lagos alpinos, de ese típico color que asume la superficie del agua por la mañana, antes de que el sol esté alto, cuando el silencio reina sin oposición. El iris cerúleo encierra una pupila negrísima, un agujero negro que parece succionarte con violencia en su paz atemporal.
Me gusta.
Le escribo y la invito a casa.
«Es una locura, pero me apunto» me responde, aceptando la invitación.
Y después de pocas horas está en mi casa.

Imagen del relato de Salomón, el perro ligón
Sus colores son más o menos así.

Se quita este abrigo de pieles extra grande que lleva puesto y me doy cuenta de que… es guapísima. Mucho más que en las fotos (cosa realmente rara).
Labios voluptuosos, pronunciados, suaves. La habría besado de inmediato, pero logro contenerme durante… 4 minutos.
Tiene una cinturita estrechísima, un ombligo plano en el que queda el recuerdo de un piercing repudiado («Era vulgar, no me gustaba»).
Como manda la buena educación, se quita los zapatos nada más entrar en mi loft. Es un mujerón: 1,80 m sin tacones. Tengo muchos prejuicios con las chicas altas; llevo años predicando que es imposible tener un culo perfecto por encima del metro sesenta y seis. Y, sin embargo, ella tiene un trasero fabuloso: corona dos piernas larguísimas, es amplio, con curvas y bien educado.
Me quedo un momento desconcertado, ¿será posible que mis teorías estén equivocadas? ¿Será blando y caído? No, como descubriré 3 minutos después (el beso no era más que una tapadera para palparle el culo). Su trasero tiene la misma consistencia que los sueños, pero más firme.
El 2021 acaba de llegar y una nueva tarea se abre paso entre los propósitos del nuevo año, junto a “empezar la carrera de business angel” y “fundar una startup”. Y es “quiero ese culo”.

Mientras ella entra en casa, Salomón permanece regiamente tumbado en la cama del altillo. Antes de aparecer, la recibe con su potente rugido. Finalmente le hace la cortesía de bajar las escaleras y saltarle encima, moviendo la cola y ladrando al mismo tiempo (creo que ha leído la técnica del push & pull en algún blog de seducción para perros).

«¡Pero qué monooo! ¡Me encantaaa!».
Sgrunt, Salomón. Yo hago sentadillas con barra hasta las tres de la noche para gustar a mis mujeres, a ti te basta con mover la cola.

Imagen del relato de Salomón, el perro ligón

Charlamos mientras cocino. Lo que nos dijimos quedará entre nosotros, pero la chica me gusta.
Armstrong suena de fondo.
Cenamos.
Reímos.
Sofá.
Salomón pasa al ataque, pero logro mantenerlo a raya.
Estamos juntos, dentro de lo que cabe: ella tiene la regla… y por desgracia comparte la escuela de pensamiento de la Diosa Francesa: el sexo anal debe reservarse para el hombre de tu vida; es el camino al corazón. Mis nociones de anatomía son rudimentarias, pero… no estoy convencido del fundamento biológico de tal cosa.
«Bueno, entonces déjate llevar y enamórate de mí. Yo ya estoy empezando a enamorarme».
«¿Todo esto por mi culo?».
«Sabes, PelleDiLuna, no tengo remordimientos en la vida. He vivido bien. Pero por la noche, cuando cierro los ojos, veo pasar ante mí a las mujeres especiales que deseaba y no tuve. Las miro una a una, las oigo llamarme, imagino la vida que podría haber pasado con ellas y que, en cambio, no viví.
«Mira, estoy seguro de que cuando muera, San Pedro me echará la bronca repasando la lista de cosas buenas que dejé pasar. Y en lo más alto estará, sin duda, tu culo».
«¿Me estás diciendo que San Pedro me va a hablar de mi trasero?»
«¡Estoy seguro!»
«¿Y a mí qué me dirá?»
«Tú no te vas a encontrar con San Pedro. Pelirroja como eres, tú eres el diablo. Un diablo tierno y al que amar, pero que seguramente reina en el corazón del infierno. Mira ya cómo ardo :)»
En fin, el vino es bueno y la chica despierta en mí un entusiasmo antiguo.
Y mientras nosotros confundimos nuestras posiciones en medio de tal diatriba escatológica, Salomón nos mira mal.

Imagen del relato de Salomón, el perro ligón
Salomón me mira mal.

Armstrong, vino y charla

Está muy descontento. Lo he mantenido bastante a distancia y, al no haber consumado gran cosa, no ha podido intentar sus habituales tácticas perrunas.
Yo, en realidad, estoy muy feliz; he vivido buenos momentos de conexión y he podido apreciar las habilidades de mi compañera de juegos. Pero el perro es más básico, ya se sabe. No se anda con chiquitas, quiere acción, de la de verdad. Quiere salchicha (¡espero que solo metafóricamente!).
Lo veo merodear por casa con aire de conspirador, hasta que desaparece.

PelleDiLuna enumera una serie de golpes de suerte por los que la mitad de mis amigas matarían.
«Nunca he ido al gimnasio; mi trasero es firme por naturaleza. Cero mantenimiento».
«Cuando empecé a tomar la píldora, adelgacé. Perdí 8 kilos».
Y otro tan increíble que no puedo revelárselo a las lectoras de este blog… no quiero poner en peligro su integridad.

En un momento dado, hablábamos de cómo a menudo las fotos en redes sociales son mucho más guays que las personas en carne y hueso.

«Bueno, tú eres como en las fotos».
«Venga, para ya, sé que parezco más bueno en las fotos».
«No, te lo juro».
«… 🙂 Nada, tienes que decírselo a mi fotógrafo: sostiene que mi vida sexual es todo mérito suyo».

Me levanto en broma a coger el móvil, para que grabe un mensaje de voz, cuando de repente ella dice:

Llueve en casa (y no del cielo)

«¡Está lloviendo dentro de casa!»
«¿Cómo que “está lloviendo dentro de casa”? ¡Encima de ti está el altillo, no el cielo abierto!»
Veo gotitas caer sobre ella y sobre el sofá.
«¿Se ha roto una tubería?»
«Pero qué tubería…
¡FUERA DE AHÍ AHORA MISMO!
¡VEN!
¡¡SALOOOMOOONEEEE!!»

Anteriormente había desafiado a Salomón a no molestarme con esta chica.
Y el desventurado respondió.

Bueno.

Ella corre a la ducha divertida, por suerte (¡qué chica tan extraordinaria!).
Yo, en cambio, me muevo por casa con la fregona, nada de macho. Tengo que mover también las baldosas de goma de 40 kilos cada una, que he puesto para proteger el parqué del gimnasio en el altillo.

El desventurado me sigue con nonchalance, preguntándose inocentemente “¿Qué pasa?” con la misma expresión de Morgan en San Remo.

Imagen del relato de Salomón, el perro ligón


«Ya sé por qué lo haces. ¡Sé que te ha pagado la Condesa para sabotear todas mis dates!».

Ella emerge de la ducha:

«¿Quién es la Condesa?»

«Es una chica que temo que quiera quitarme de en medio, aunque lo niegue. Salomón está enamorado de ella».

«¡¡QUÉ ADORABLEEEEEE!!».

Sí. Adorable, el meón.

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By MagniFico
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