
VERANO 2023. Me gustaría besarla. Pero llevo una semana sin ducharme, salvo con agua de mar. Empapado en sudor por haber arrastrado bajo el sol la enorme maleta usada en el barco de vela. Para comer he comido cebolla. En resumen, estoy en las peores condiciones para besarla.
Acabo de entrar en la habitación del hotel. Ella está allí, dando vueltas meneando el culo alrededor de la piscina privada de mi habitación, moviendo ese seductor trasero a derecha e izquierda como una niña traviesa, feliz por el regreso de papá. La veo por primera vez en persona, después de algunos días en los que nos hemos escrito, muchos audios y algún vídeo. Vive en una fría capital europea, pero ha decidido tomar un vuelo y alcanzarme en Corfú, para pasar 4 días juntos.
Corre hacia mí, yo la beso en la mejilla y… la tiro a la piscina. Luego la ayudo a levantarse y… de nuevo a la piscina. Y así otra vez, hasta que nos tiramos juntos. No sé por qué lo he hecho, pero con ella no consigo no ser físico. Ya sabes, tocar a las personas es mi manera de entenderlas. Pero con ella mi necesidad de contacto es máxima. Mientras estamos en el agua, le pongo las manos en las caderas, le acaricio las piernas. “¿Permites?”, le pregunto, mientras mis manos se deslizan sobre su culo celestial, firme y suave al mismo tiempo. Ella – consciente de su valor – permite… pero tanto ya lo había hecho: nunca hagas preguntas de las que no conoces ya la respuesta.
Está emocionada, se nota. Y yo también lo estoy. No entiendo por qué me gusta tanto. Hay un hilo de vergüenza, contrarrestado por la excitación de tocarla. Han pasado 4 interminables minutos, no puedo no besarla, que le den al aliento. El primer beso es un distraído apoyar los labios, entre una conversación y otra. Y luego, después de poco, otros besitos tiernos hasta la llegada de la lengua: caprichosa, pueril, una culebrilla alegre y saltarina.
Hablamos. Joder, cómo hablamos. A la velocidad de la luz. Abriendo 4 discursos en contemporáneo. Devoramos información del otro con la misma fogosidad de aquellos americanos que se desafían a ver quién come más hamburguesas en 5 minutos. Podríamos pasar estos 4 días en esta piscina, solo hablando, intentando descubrir todo el uno del otro. Pero ella tiembla: estamos en la sombra, el agua está fría. La invito a salir, le cojo una toalla, nos ponemos en la tumbona. Sigo acariciándola; el contacto con ella me serena, me calma, me endurece como el agua gélida sobre el hierro para templar.
Identikit de un Tornado
Deja que te la describa, recuperando un apunte que tomé 3 días después, observándola a escondidas mientras esperábamos que nos prepararan la enésima habitación de hotel en Corfú.
Es pequeñita, menuda pero musculosa; se define mi “traductora portátil de inglés”. Es rubia, pero se tiñe de negro, cosa que consideran mucho más apropiada a su personalidad. Los cabellos oscuros contrastan con el azul profundo de sus ojos. ¡Dios, qué ojos!
En ella coexisten todos los elementos, tanto físicos como caracteriales. La mirada es profunda como un océano (agua), límpida como un cielo. Me transmite una gran sensación de aire y libertad, como las extensiones infinitas de un continente por explorar. ¡Y vaya si quiero explorarlo! Como enredaderas salvajes a orillas de un lago alpino, unas vetas verdes se irradian en su iris celeste, como raíces que crecen (tierra). También en su carácter es así: libre como el aire, cambia de ciudad con la misma frecuencia con la que ese guarro de mi hermano cambia los calcetines (cada dos años). Es profunda como el océano, tiene 29 años pero —a juzgar por sus historias— parece que hubiera vivido 92. Y en su continuo moverse con la intensidad de un tornado, consigue permanecer arraigada a su familia, a sus amigos. Cuida de todos, paga por todos: viajes, regalos, ayudas. Una pequeña Berlusconi de nosotros condenada a quedarse sin un duro por un corazón muy generoso. En profundidad, secretamente espera que – tarde o temprano – alguien pague por ella, justo para expresarle amor en la lengua que conoce.
¿Y el fuego? No hay se refleja en su mirada, demasiado buena, pero está por todas partes en su piel. Esta pequeña criaturita traviesa está llena de tatuajes. Para cada uno tiene una historia, a veces incluso una love story con el tatuador —hombre o mujer— que lo realizó. Uhm, debería aprender a tatuar, ¡y no andar con blogs! Lo segundo que más me impacta de Tornado Azul es la intensidad con la que vive. Lo primero, en cambio, es la bondad.

Tornado Azul es un movimiento continuo, arquea ese culo y lo mueve a derecha e izquierda, se retuerce mientras habla. Y se retuerce aún más cuando la toco allí donde la educación requiere, con movimientos descompuestos y antinaturales que más veces me hacen temer haber errado yo el toque, la intensidad o el momento… “no te equivocas, yo disfruto así“, me tranquiliza.

Es consciente de gustar, pero sin esa actitud de muñeca hinchable típica de las tantas tías de Instagram. Es más una niña viciosa y seductora que, con falsa ingenuidad, provoca y golpea a quien tiene alrededor.
Tornado Azul huele a bondad, a dulzura y a amor. Es súper mimosona como yo. Es la cura para mi enfermedad de haber amado demasiado, de haberme vaciado como una botella agujereada.
Vabbè, disculpad, me he perdido. Volvamos a nuestro primer encuentro, a bordo de la piscina. Se tumba al lado de mí. La miro. Le confieso: “¡No sé por qué me gustas tanto! No lo entiendo. ¡Solo sé que acabará mal. Muy muy mal para mí!” Ella ríe, contenta, me besa y me dice que también ella está pillada. En resumen, aunque hagamos 71 años entre los dos, somos dos adolescentes.

Había pensado en poner no un apodo, sino su nombre real, por primera vez en la historia de este blog. Nada de tetasdulces, nada de Diosa Francesa, solo el nombre que le puso su padre. No quiero que sea simplemente la protagonista de una historia de un blog. No es un arquetipo, una historia edificante que embellecer o sobre la que bromear. Es una persona con la que me he conectado íntimamente, en el momento en que más lo necesitaba. Una persona que me ha querido y se ha preocupado por mí, como yo me he preocupado por ella. Una persona que quizás desaparezca, de la que solo quedará un recuerdo. ¡Pero que el recuerdo lleve su verdadero nombre, por supuesto!
Pero nada, prefiere un apodo. Pues apodo sea.
Este hecho de que cada cosa acabe, yo no lo soporto. Como con mi ex, dos años y medio súper intensos. Barridos, por un golpe de viento. Mientras nos dejábamos, le pregunté: “¿Qué seremos mañana?” Y ella me respondió: “todo y nada. Seremos todo y nada”.
Tú das la vida por algo. Y al día siguiente no está. ¿Qué sentido tiene amar, entonces? O quizás es por esto que tiene sentido amar, para dejar un regusto dulcísimo de higos y miel al devorar, frío e inexorable, de la muerte. Muerte, lo sé que al final vencerás tú, pero hasta entonces te combatiré con la intensidad de mis experiencias.
El exorcismo a bordo de la piscina
¿Y cómo exorcizar la muerte si no con una mamada? Estamos en la terraza, a bordo de la piscina, claramente visibles desde quien está en el balcón de su habitación. La desnudo. Ella se avergüenza (no es exhibicionista). La posiciono de modo que sea más visible, disfrutando de su vergüenza, empiezo a tocarla, ella corresponde, coge mi pene y chupa.

Es una óptima chupadora, me gusta cómo usa la boca y las manos, aún más cómo mueve y posiciona el cuerpo mientras se prodiga en el noble arte. Me gusta espiar su culito, del que me estoy enamorando. Yo estoy cargado de una semana de total abstinencia de barco de vela. Más tarde, en la cama, la llenaré como se debe, plenamente, sintiéndome totalmente en casa, en un buen momento de conexión. Tiene una conchita muy mona, que se abre como una rosa, un placer explorar.
En la cama ella es buena; yo no me siento al máximo. Fuera del momento en el que la lleno, soy la sombra de mí mismo. Estoy recién salido de una ruptura; tengo más necesidad de mimos que de sexo. Normalmente anhelo el sexo como el momento de pico del conocer/frecuentar a alguien, totalmente egoísta. Esta vez lo hacía más por ella, para decirle que me gustaba. Lástima, porque ella es lista y espero que pronto pueda perderme en ella, honrando su naturaleza submissive.
Ducha, aperitivo en albornoz y a toda prisa a la ciudad, a la cena de fin de crucero con mis compañeros de barco de vela. Estamos guapísimos, radiantes, la sintonía es máxima. La presento a las dos chicas del barco de al lado y ellas no pueden reprimirse de preguntar “¿Pero sois amigos?” Nos miramos, le pregunto: “¿Somos amigos?” Reímos, avergonzados, como dos chiquillos. La otra amiga, gélida, con expresión de Cruella De Vil, sentencia “Bueno, es evidente que seáis más que dos amigos”. Y así sea.

Albania: Blue Eye y Gjirokastra
Al día siguiente dejamos Corfú y partimos para Albania. Conseguimos perder el aliscafo, embarcarnos abusivamente en otro, a arriesgar a perder la reserva del coche por un error en la reserva. En resumen, los imprevistos no faltan. Pero ella es supportive, ayuda, llama, traduce, resuelve. Estoy contento de estar con ella y no con las tantas princesas atolondradas y quejumbrosas que quieren todo perfecto.
Partimos para visitar el Blue Eye (en albanés “Syri i Kalter”), una fuente natural con aguas transparentísimas – mérito también del blanco cándido de las rocas calcáreas – que borbotean desde las entrañas a una profundidad de más de 50 metros, en un bosque de robles y sicomoros. Que dicho así parece molón, pero en cambio el panorama está cubierto por una algarabía de italianos atraídos por la promesa – no mantenida – de precios bajos.

Proseguimos para Argirocastro, monísima ciudad patrimonio de la Unesco, con un importante castillo antediluviano. Le saco mil fotos. Día tras día la veo siempre más sonriente, con una mirada más abierta y feliz. Esta excursión a Albania le está sentando bien.

Aquí me confiesa el secreto para gestionarla y recuperarla en el caso de que se enfade: hacerla comer. Cada dos horas debe tener la boca llena y nunca, digo “¡nunca!”, permitir que tenga hambre: se transformaría en un peligroso Gremlin enfadado.
Esta información me será utilísima el último día, como veréis.

Acabamos el recorrido y volvemos a Saranda, nuestra base.
Estamos cansados, finalmente en el hotel, son las 20:00, ¡venga que esta vez nos vamos a la cama pronto!
Dos de la madrugada, ojos en la oscuridad
Y en cambio no, hablamos, hablamos, hasta las 2 de la noche. Me cuenta de cómo vive, de cómo se preocupa por las personas a ella queridas, de cómo intenta proteger y defender a todos, de cómo pretende siempre más de sí misma.
Intuyo un esquema que conozco bien, siendo en parte también mío. Es algo sobre lo que he trabajado, de lo que conozco bien las consecuencias: imposibilidad de relajarse, necesidad de empujar, de dar siempre más, riesgo de ser usados, etc.
Utilizo la Teoría de los Escenarios™ de Filippo, un amigo mío que ha desarrollado un framework innovador que podría curar parte de los males de la humanidad, pero él prefiere ser programador y que sus colegas polacos lo traten mal… así que este método lo conocemos 3.
Hiper simplificando, para ser totalmente funcionales hay que ser fluidos como el agua, adaptándose a cada escenario. Si solo pensar en una situación te sienta mal, es decir, te genera una fuerte reacción emocional, esto limita tu capacidad de operar de manera funcional. Por ejemplo, yo me quedé bloqueado en un matrimonio acabado durante muchos años, imposibilitado para dejar a mi mujer, porque no concebía hacer daño a una persona a la que quería. Lo cual seguramente generó más dolor y problemas. La sola idea me hacía sentir mal, suscitando una emoción fuerte. No era libre de elegir ese camino.
Después, en los primeros meses de relación con mi ex de siempre, no era capaz de tratarla realmente mal cuando hacía sus gilipolleces. La ausencia de comportamientos sancionadores no le daba el estímulo adecuado para evolucionar a mi novia y creaba problemas en la pareja.
Desbloquear un escenario significa vaciarlo de emociones, haciéndolo aceptable. En este caso, mediante visualizaciones bastante extremas y macabras, desbloqueé este escenario, eliminando cualquier emoción negativa. Desde ese momento no tuve problemas en echar de casa a mi ex de siempre cada vez que hacía grandes tonterías.
Volviendo a Tornado Azul, le practico una reintegración de los escenarios. Es decir, muy simplemente, le hago ver todos los aspectos positivos de la situación que ella rehúye (ej. Sencillo y banal: “Si continúas defendiendo siempre a tu hermano, él no podrá nunca convertirse en un hombre. No ayudarlo significa ponerlo en la condición de desarrollar la capacidad de defenderse y saber afrontar la vida mejor que a tenerte a ti que lo proteges”). Mientras le hablo, su rostro cambia, su expresión se transforma. Un bloqueo no es otra cosa que una serie de energías y emociones que, en lugar de fluir libres, están anudadas para conjurar el peligro de que se verifique esa situación. Disolver el bloqueo significa aceptar ese escenario y por lo tanto hacer defluir toda esa energía bloqueada. El resultado es una inmediata y profunda relajación.
“Es increíble, nunca me he sentido tan libre como ahora”. “Tú te estás preocupando por mí como nunca nadie ha hecho, casi me siento en culpa de estar aquí”. “Esta noche dormiré bien como nunca he dormido en mi vida”. Y en efecto se ha dormido como una piedra. Al día siguiente despertarla fue problemático. He probado a besarla, tocarla, sacudirla, hacerle cosquillas, tirarle cosas… nada. Luego me he acordado de su más grande debilidad: la comida.
Me acerco a su oreja, y le digo:
“frr frr soy el bacon… que frío… perfumado… estoy buenísimo… seguramente no ves la hora de comerme…“
Noto movimientos en su cuerpo, pero aún tiene los ojos cerrados. Continúo:
“¡Eh! ¡Hay un alemán que me está comiendo! Me está acabando! Si no te despiertas enseguida no me encuentras más…” ni siquiera el tiempo de acabar la frase que Tornado Azul está en pie, lavada, vestida y planchada que me tira para ir abajo a desayunar.

Ksamil y el modo novia
Vamos a Ksamil, en un lido muy bonito. Entreveo a lo lejos unas tumbonas “VIP” y ni te imaginas si no las cojo. Encuentro estos camastros redondos, con colchón, puestos sobre una plataforma sobre el mar, con tanto de red suspendida sobre el mar, estilo catamarán.

He intentado inmortalizar el lugar, pero Tornado Blu se inserta en cada foto. Saca la típica sesión fotográfica de novio, conmigo colgado en los ángulos más improbables para asegurarle unas fotos excelentes. Le hago notar que se trata de un servicio bonus, el segundo después del de los escenarios, no previsto en nuestra relación. Le digo claramente que debería hacerme pagar; puedo proponerle un arrangement o debe comprar el paquete “novio”. Ella se ríe astutamente y finge no entender. Nada, yo siempre se lo digo a Filippo: “¿Qué puedo hacer yo si me quieren solo como sex toys?”
La jornada pasa rápido, volvemos al Hotel, es súper mona, me plancha la camiseta, diría en modalidad novia.

Vamos a comer fuera. Súper conexión. Ella lo negará hasta la muerte, pero yo lo sé: está colada por mí. Quizás durará un momento, quizás mañana seré archivado, pero en este momento está verdaderamente súper pillada.
El tornado se desata
Y efectivamente… al día siguiente empiezan los líos.
Está mal por una recaída de cistitis. Está nerviosa. Veo que hay algo que no va. Pregunto. Ella niega. Yo no soy tonto. Vuelvo a preguntar. Ella vuelve a negar. Uso el arma ex, que funciona siempre:
Yo: “sabes, lo que más odiaba de mi ex de siempre, que luego contribuyó a que rompiéramos, es que ella nunca me decía cuando algo le molestaba”.
Ella: “No, no has tenido ningún comportamiento que me haya molestado”
Yo: “Ok, entonces es algo que he dicho”
Ella: “sí”
Bingo. Ya soy bueno en este juego, por desgracia.
Hablamos. Discutimos, intento tranquilizarla. No funciona. Se queda a su aire, ignorándome. Honestamente, ya no me apetece esto. No sé si quiero una nueva novia.
¡Finalmente me acuerdo: la comida!

Llamo al camarero. Pido medio menú, escribiendo al hotel por whatsapp. Me responden que es el hotel equivocado. Hago notar que se trata de una emergencia, una cuestión de vida o muerte para mi relación. Comemos en las tumbonas de la playa.


Con las garras agarra la comida, nutriéndose frenéticamente. A medida que come, las garras se retraen, las escamas se transforman en la usual piel lisísima y vuelve a ser guapa y cariñosa como siempre.

Nos acercamos un poco, luego ella se va.
Qué ha sido ella para mí
No en vano he decidido llamarla Tornado Azul; con ella todo es rapidísimo. En solo tres días hemos vivido todas las fases de una entera relación: el primer día fue de frenesí por conocerse; el segundo de apoyarse y ayudarse como una pareja madura; el tercero, el de la pelea y el distanciamiento. ¡Mañana me espero que me llegue la carta del abogado de divorcios! 🙂
Bromas aparte, creo que el problema es que se asustó. No se esperaba esta conexión, este nivel de intimidad y de emoción. Tenía que ser algo ligero, unas vacaciones en un sitio bonito con un tío majo. El único riesgo en el horizonte era que yo fuera un asesino en serie (“¡me lo creo, en los sitios de citas te haces llamar El Magnífico!”). Y en cambio… eh, no lo escribo porque, si no, me mata (y lo niega todo).

¿Qué ha sido ella para mí?
Un puerto seguro. Una persona que se ha preocupado por mí. Una persona buena, de la que no he tenido que defenderme. Una chica que con su sonrisa ha curado un poco mis heridas. Una chispa de esperanza de que otra vida feliz sea posible. Un momento de calor. Una mirada buena para explorar, como una pradera y – quizás – vivir en ella.
Ella está de viaje, yo en mi habitación de hotel. Me escribe:
“Todavía estoy incrédula.
Tornado Azul
Estoy muy incrédula, de cómo ha ido toda la situación.
Sigo pensando que encontrar a una persona nunca es por casualidad. Ha sido muy bonito, me gustaría tener una máquina del tiempo para volver atrás…
y también la máquina del futuro para ver qué sucederá.
Seguimos escribiéndonos/hablando durante unas semanas, con la idea de volver a vernos pronto, luego de repente… dejó de responderme. Quizás percibió que mi ex de siempre había vuelto y se me adelantó un momento antes de que la informara yo.
PD
Este post fue escrito en el verano de 2023, durante una “pausa” con mi ex histórica. Luego ella volvió, lo intentamos de nuevo y nada más de posts… hasta hoy.
Tres años después
TRES AÑOS DESPUÉS
Muchas veces en estos años me he preguntado qué habría sido de Tornado Azul; por qué no había respondido nunca.
Nada, se lo he preguntado. Le he escrito:
“Lo siento, nos hemos perdido. Entiendo que yo seré solo un tipo que has visto algunos días, pero la conexión me parecía auténtica y al menos por mi parte lo era. Así que es extraño no poderte escribir un “hola, ¿cómo va con el bacon?”
Y Ella:
“Nos conocimos en un período muy particular de mi vida, en el que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo y claramente no estaba muy bien… Por este motivo desaparecí y corté todo contacto.
En una cosa, sin embargo, tienes razón: la conexión entre nosotros era auténtica.
PD.
😂😂😂 ¡En lo de comer cada dos horas no he cambiado jajaja!”
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