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Adiós Ojos de Miel
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Chica en el baño, pose provocativa.
@ Walsemarkazak

Imagina depositar en el fondo del pozo más profundo todas las bombas atómicas del mundo. Imagina hacerlas estallar al unísono. Pues bien, la profundidad de ese cráter resultante no es nada comparada con el sentido de vacío que siento todavía hoy, un mes y 10 días después del final de nuestra relación.

40 días, como los días de Cristo en el desierto, en los que la he echado de menos, odiado, maldecido, acusado, entendido, perdonado, amado. 40 días en los que mi vida ha florecido de nuevo con redescubrimientos, intereses, encuentros (nada de mujeres, que quede claro, no me interesan, todavía solo la quiero a ella), buenos momentos… pero de los que me ha importado bien poco, ya que este abismo se lo traga todo, absorbe cada cosa y devuelve una sola pregunta: ¿se puede dejar a alguien todavía empapado de amor, como esas galletas que se deshacen de tanta leche que han absorbido?

Lamentablemente sí, y es terrible.

Es fácil despedirse cuando ya no se ama. Se hace con respeto y amabilidad, como dos viejas comadres en un té de gala. O se puede hacer con indiferencia, simplemente dando la espalda y siguiendo adelante. Pero intenta hacerlo cuando no solo sigues enamorado, sino que ves en los ojos de la otra persona el mismo amor. Intenta hacerlo después de haber invertido todo tu ser, constantemente a 10 centímetros del punto de ruptura. Inténtalo. Y verás que es algo antinatural.

Al principio fue más fácil: bastó con hacer la lista de todos los motivos por los que esta relación ya no tenía sentido. Bastó con hacer la lista de las carencias de la pareja, de los sufrimientos y decepciones sufridas, de las niñerías, de esas que cuando las cuentas por ahí todos te dan la razón.

Luego te das cuenta de que la razón es de los tontos y que quizás no has sido tan perfecto. Me doy cuenta de que soy pesado, un poco por carácter y un poco por las heridas sufridas. Me doy cuenta de que ella siempre me ha soportado, apoyado, gestionado. Que no es verdad que en esta relación siempre he empujado solo yo y que también Ojos de Miel se ha implicado.

Piensas que quizás ella ya no pudo más, que es comprensible al fin y al cabo. Ella está en el pico de su valor: 28 años todavía por cumplir, una belleza impresionante de esas a las que ni siquiera futbolistas y magnates aspiran, todo el mundo detrás de ella, poniéndose a cuatro patas y prometiéndole cualquier cosa. Cuando naces superbonita, supersexy, supersuperdeseada no estás acostumbrada a tener que luchar por una relación, a tener que esforzarte. Ella sin embargo lo hizo, durante mucho tiempo, luego quizás ya no pudo más. Lo puedo entender, aunque me cuesta justificarlo: yo con ella siempre me quedé, siempre la perdoné y gestioné, siempre me esforcé. Nunca la abandoné.

Y entonces ella se fue, me dejó, con una retahíla de motivos. Buenos también, honestamente. En el último periodo, cómplices los pésimos consejos de mi psicóloga, me concentré en ver todo lo que no funcionaba en la relación. En todos los motivos por los que mi relación, aunque llena de amor, estaba totalmente desprovista de serenidad. Ella no soportó cómo la miraba cuando hacía cosas que no me gustaban, y se fue. Lo puedo entender, al final sentirse aceptado es lo que cada uno quiere más que nada.

Luego una semana después volvió.

Y fui yo quien no quiso recuperarla. Porque si esos problemas insuperables eran verdad una semana antes… ¿qué los hace superables ahora? Porque sus palabras decían que cambiaría, sus comportamientos no. Porque me pareció un regreso que nace de la carencia y no de la voluntad de resolver realmente los problemas.

Al final yo de ella solo quería una cosa: que quisiera plenamente estar conmigo, implicándose totalmente, reconociendo las cosas que no funcionaban de su lado como yo haría del mío y ayudándonos mutuamente.

Y entonces… Adiós Ojos de Miel.

Te he amado más que a mí mismo. Te he amado al límite de lo que he podido soportar, hasta el punto de romperme… llegué a 2 centímetros de la destrucción completa. Y habría seguido adelante, hasta más allá de ese límite, si solo hubiera tenido la prueba de que tú querías verdadera y totalmente estar conmigo.

El hecho de que ella hoy esté follando por ahí en lugar de conmigo es claramente indicativo de la elección que ha hecho.

Adiós, amor mío.

Que seas feliz, durmiéndote entre otros brazos, barriguita con barriguita.

PD:

Luego al final cedí y volví con ella. Y duró otros 2 años. Luego se fue de nuevo. Esperemos que para siempre.

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Blog semi-serio sulla vita sentimentale e piccante di un quarantenne di successo.

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By MagniFico
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