Tired of Boys? Try a Man!

El horror… el horror de Bane
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BANE DC COMICS
DC Bane, Bane, El caballero oscuro: La leyenda renace, películas fondo de pantalla HD

10 de junio de 2012.
En este día, nacieron 399.955 niños.
150.453 vidas dejaron este planeta.
97.540 parejas se casaron.
Pero este día será recordado por otro motivo: el 10 de junio de 2012, un comentarista anónimo llamado Bane sacó a la luz uno de los análisis más lúcidos y terribles de la realidad de las relaciones.
Lo que sigue NO ha sido escrito por mí. No ha sido escrito por Tano Bot. Es un fragmento de una discusión sacado de Internet, del más rastrero de los foros. Una gema de potencia inequívoca, hallada cubierta de guano en los márgenes de uno de los callejones más sucios de Caracas.

Lo leí en su momento y me quedé moderadamente impactado. No fue un shock, sino una presencia, un runrún que me ha acompañado durante los siguientes 13 años, ya fuera estando casado, soltero, enamorado o de nuevo soltero.

Lo comparto aquí de nuevo, inalterado.

¡ATENCIÓN: CONTENIDO PELIGROSO!

Leer este texto puede dañar grave y de forma irremediable tu capacidad de volver a confiar en alguien.
Implica mirar el abismo a los ojos y… del abismo solo se puede volver cambiada.
Podrás intentar rechazarlo, negarlo, restarle importancia con un chiste.
Pero este texto escarbará dentro de ti, con el tiempo, en lo más profundo.
¡Es como la cinta de vídeo de The Ring! ¡Míralo bajo tu propia responsabilidad!

Estas son las referencias del post original: https://www.italianseduction.club/forum/t-26833-lorrorelorrore/

Una premisa necesaria:

Todos estamos condenados. La magnitud de la mentira en la que vivimos solo es superada por nuestra gran ilusión.

Esto es el infierno. No hay final feliz.

Solo horror.

La verdad.


Cuando tienes 16 años, si piensas en la cara de tu amada la asocias con las mariposas que tienes en el estómago.

Cuando tienes 20, ella te recuerda a esa infancia recién desvanecida. Un rayo de sol que llevarás dentro para siempre…

Cuando tienes 24, entre un dolor de corazón y otro, asocias su cara a una sonrisa, a los buenos tiempos compartidos…

Cuando tienes 27, se te presentan dos posibilidades: volver a creer en las mariposas en el estómago, dando la espalda a la verdad de forma consciente, o saber que estás viviendo en la mentira, que te estás alimentando de muerte.

En realidad, la elección es de sentido único, ya que una vez que escudriñas la oscuridad, te la llevas dentro para toda la vida. No hay elección. Es simplemente un suicidio obligatorio.


La verdad es que varios hombres en ese momento se están masturbando con alguna foto o vídeo cedidos amablemente por tu amor. La verdad es que mientras piensas en ella, en por qué a veces es esquiva, en cuánto la amas, en cuánto quieres construir un futuro con ella, en ese mismo momento, ella le está haciendo una felación a un señor de entre 20 y 60 años, el cual no la quiere como nosotros, sino que la trata como es debido. Sadomasoquismo.

Cuando a un pobre diablo se le pone ante tal realidad, la primera reacción es una risa leve seguida del pensamiento inmediato de “la mía seguro que no, no es como todas las demás” y se defiende con la frase “este pobre desgraciado se ha llevado un golpe increíble…”.

Os entiendo, yo tuve la misma reacción hace mucho tiempo.

No hay escapatoria, no hay catarsis.

Nada es lo que parece. Quien tenéis al lado, en vuestra vida, no es quien creéis.


¿Las causas?

¿Crisis de valores? ¿Relaciones de usar y tirar? ¿Abundancia de ocasiones? ¿Aumento exponencial de psicopatologías, alcohol y drogas?

Quizás.

¿La certeza? ¿El mal?

Internet.

Sin lugar a dudas.


Todos tenemos un demonio dentro. Normalmente tenemos suerte, ya que lo sabemos e intentamos convivir con él de forma pacífica. Pero ¿qué pasa cuando una chica de 20 años no sabe de la existencia del demonio que lleva dentro y, en su ignorancia, se encuentra con un teclado y una pantalla tras los cuales puede ser “ella misma”?

Pasan cosas feas.

Si pienso en los años 90, cuando internet era un fenómeno realmente aislado, si pienso en las figuras masculinas y femeninas de la época, puedo ver al padre que engaña a su mujer con la secretaria… o a la jovencita “espabilada” del pueblo, esa “amiga” de todos, normalmente un poco apartada y envidiada en secreto por la manada… Un 10% de perversión…

Si dirijo la mirada a los primeros años 2000, cuando internet empezó a ser el fenómeno mundial que es ahora, veo algo distinto… una sombra que empieza a envolverlo todo, a amortiguar la realidad y a sacar lo peor.

Badoo, Meetic, Facebook, varios sitios de citas, foros…

¿Os habéis dado alguna vez una vuelta por el infierno?

Yo sí. No existe dolor más grande. Ni siquiera la más profunda de las obsesiones amorosas nacida en el fuego y terminada en el hielo.

Cualquier (CUALQUIER, TODAS/OS) mujer u hombre con un ordenador y una conexión a internet es al 99% adúltera/o.

Dejo el 1% a disposición porque, al final, soy un romántico incurable y todavía tengo esperanza.

Pero ya no me lo creo.


He visto de todo. No quería ver. Si pudiera volver atrás en mi vida, a los 24 años, cuando todavía lo ignoraba todo y creía en la belleza que veía como un ciego, me quedaría ahí. Ignoraría de forma autista todo lo que vi después…

Madres de familia que te proponen encuentros clandestinos para hacerte sexo oral en un parking, lejos de la dinámica diaria de “despertador + trabajo + comida para los niños + facturas + cena + cama con el amado esposo”.

Chicas con novio que no tienen el valor de admitir ante su pareja —que las adora y haría cualquier cosa por ellas— que son sexualmente bulímicas, dispuestas a dejarse estimular el colon mientras se excitan pensando en el pobre infeliz que está en casa.

Padres de familia, novios y chicos dedicados a la transgresión gratuita con todo lo que encuentran en los distintos sitios. Metodología fácil y segura (y muy barata) para encontrar placer y lujuria.


Hace unos años, durante una buena sesión de pesas en el gimnasio, hablaba de esto y aquello con un personaje de 44 años, soltero, totalmente incapaz con las mujeres. Uno de esos que en el “ligue” de calle no conseguiría ni a las muñecas de saldo, para que nos entendamos. Ni a los peores descartes.

Entre una cosa y otra sale el tema de las webs de citas; me dice que está apuntado a varias y que consigue quedar con 2 o 3 mujeres por semana, de media. Me quedo flipando y profundizo en el tema. Me cuenta cosas que, obviamente, no me puedo creer…

Siendo un chico de lo más normal, con buen juego con las chicas, nunca he tenido problemas para conocer a alguna jovencita y entablar buenas relaciones. Desde el punto de vista humano y sexual. Curioso por la lujuria virtual de la que siempre me hablaba el personaje del gimnasio, lancé algunos anzuelos. Obviamente, no en sitios de citas específicos (porque las mujeres que están allí, están para eso, igual que los hombres), sino en los foros virtuales más variados (cosas tipo “En Femenino”, foros de música, de cine, arte, deporte, etc.).

Nunca debí haberlo hecho.

Cualquier chica “conocida” en el mundo virtual, con novio o casada, cualquiera, con la que perdiera un poco de tiempo escuchándola, con confesiones o cortejo, estaba dispuesta a tener sexo. Terminaba proponiendo un encuentro, enviando fotos de la naturaleza más variada, diciendo frases del erotismo demoníaco más desenfrenado.

Paradójicamente, los problemas, en todo caso, surgían con las chicas solteras. Mucho más difíciles de atraer y con mucho menos deseo de una aventura pecaminosa.

Mundo extraño.

Las novias y las casadas, detrás de esa pantalla, son bulímicas. Paradójicamente, sin pantalla. Puedes ver el demonio que hay en ellas. Libre, puro.


El recorrido de este viajecito estuvo aderezado con mucho, mucho sexo. Al principio, me sentía en el paraíso. Mujeres de 40 años, las llamadas “milfs”, esas con las que creciste en tu imaginación, dispuestas a lo imposible. Chicas buenas (al menos en apariencia) degradadas al nivel de recipientes seminales que se retorcían de placer ante la idea del posible peligro de que su hombre se encontrara con el olor de otro en su “propiedad”.

La meta de este viajecito fue la soledad. La incapacidad total de confiar en el sexo femenino. En las relaciones estables, en invertir en el futuro con otra persona.

No estaba, no estoy y nunca estaré preparado para la verdad.


A medida que progresaba en el conocimiento de ciertas situaciones, me comparaba con quienes me rodeaban. Amigos, conocidos, colegas…

Claramente, me tomaban por loco. Los solteros buscaban a la madre de sus hijos, los que tenían novia se me reían en la cara diciéndome que la confianza era la base de todo y que “tienes que buscarte a una distinta a las demás”. Los casados, casi desinteresados, me confesaban que ya no pensaban en los celos y que confiaban ciegamente en sus esposas. Con el paso del tiempo, he visto cómo todo se derrumbaba. Cíclicamente.

Infidelidades tras infidelidades, mentiras perdidas en la frontera con la lujuria.

Amores expatriados clandestinamente.


Excepto uno. Un muy buen amigo mío con su bellísima, dulcísima, inteligentísima y fidelísima novia.

Novios desde hace 9 años. Pareja solidísima. Guapos a rabiar. La clásica pareja que miras y piensas en la perfección matemática de la madre naturaleza.

Hace tiempo, durante mis delirios cargados de desconfianza, decepción y frialdad, mi gran amigo me dice que no me rinda, que estudie su situación y coja fuerzas. Me dice que es celoso lo justo, que le deja sus espacios y que nunca ha tenido motivos para dudar de ella.

Por jugar, me indica un foro donde su novia suele entrar. Algo de deportes. Me dice que intente entrarle, para volver a creer en la seriedad. Para que entre la luz en mi vida.

Me creo una cuenta. Le entro, poco a poco. Mi amigo me pregunta, al poco tiempo, si hay novedades y le digo, mintiendo, que ni siquiera me ha respondido. Sonrisa satisfecha en su rostro. Cínica, en el mío.

Ayer por la tarde, la chica bellísima me mandó una foto con un subrayador amablemente encajado en el ano. Me dice que la hago sentir a gusto, que conmigo se siente libre de expresar su ser mujer, etc. Me confiesa haber tenido una relación de 2 años con un hombre de 55 años, de tintes fuertemente sexuales, en la cual ella se sentía protegida. Una relación estilo padre/hija llena de incestos.


Yo continúo.

Mi vida sigue adelante, día tras día.

Sigue adelante sin mí.

Pero no creo que esto importe ya nada.

Ya no hay nada en lo que crea.

Solo el horror.


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Blog semi-serio sulla vita sentimentale e piccante di un quarantenne di successo.

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