
No aguanto más estar en casa. El aislamiento causado por el Covid ha durado más de un mes y para Semana Santa tengo ganas de vivir. Por desgracia, estamos en zona roja, rojísima: si sacas la nariz por la puerta… te fusilan. Menos mal que el médico me ha recetado recientemente la “balneoterapia termal”, tengo un buen motivo para desempolvar un fantástico centro termal enclavado entre los Alpes. Una estructura Liberty de gran clase en un paisaje estupendo. Es mi escena de la naturaleza: es decir, la ubicación que invoco en meditación para acceder a estados profundos de relajación. Y menos mal que en meditación no se paga: solo en cenas y bares me he gastado como una semana en Canarias 🙂
Quisquillas pecuniarias aparte, este centro termal es un lugar en el que he dejado el corazón: iba siempre de casado y, después de la separación, no he tenido relaciones lo bastante significativas como para llevar a alguien. OjitosDeMiel es importante, estoy pillado, decido invitarla a ir juntos.
Como siempre pasa cuando tengo un gesto bonito, OdM… está indecisa.
“¿Qué pasa esta vez?”, le pregunto, mientras le preparo el gin tonic de rigor.
Hablamos y hablamos, después de una hora de bla bla varias y numerosos gin tonics… finalmente me responde, avergonzada e intimidada:
Es que tengo miedo de que — estando conmigo noche y día durante tres días — descubras algo de mí que no te guste.>>
“¡Qué mona, tiene miedo de perderme!”, pienso y… tal pensamiento trasuda de mi mirada satisfecha y complaciente. Tanto es así que se apresura a corregir el tiro:
<<No, qué va, en el sentido de que a lo mejor yo quiero dormir hasta tarde y en cambio tú te empeñas en estar en la bañera a las 7 de la mañana, nos peleamos y no quieres volver a verme.>>.
La miro en silencio, con una sonrisita burlona.
Se apresura a añadir: <<no, pero a lo mejor ni siquiera es eso>>.
Replico: <<Si no estuviéramos hechos para estar juntos, ¡mejor descubrirlo pronto! Mejor no perder el tiempo, como dices siempre tú, eh eh>>.
Está decidido, nos vamos. Y llevamos a Salomón, obviamente, mi histórico compañero de termas de cuatro patas.
OjitosDeMiel corre a llenar la maleta de toneladas de ropa interior super sexy y trajes de baño provocativos. Entre ellos, EL traje de baño. ESE traje de baño.
Debes saber que cuando, en agosto de 2020, conocí a OjitosDeMiel en un sitio de encuentros, tuve la sensación de haberla visto ya. Tardé un par de semanas en recordar dónde la había visto… en Tinder, dos años antes, con puesto un traje de baño extremadamente provocativo. El perfil se volvió inactivo enseguida, pero me gustó tanto ella como su estilo provocativo. Me gustó tanto que guardé la foto en el teléfono.
Reencontrarla después de dos años me pareció una señal del destino. La conversación no era particularmente chispeante, normalmente la habría “nextado”. Pero esa foto, y ese traje de baño, grabados en mi mente me llevaron a continuar. Y el resto es historia.
Mientras ella se prepara, aviso a mi joven socio de que iré a las termas con OjitosDeMiel.

Mítica cita de una película de Verdone donde los protagonistas follan en todos lados, en cada momento siguiendo el imperativo “o famo Strano”.
Nosotros somos mucho más refinados, pero honestamente siempre me ha encantado esta forma épica de impresionar a la policía 🙂
Bueno, nos vamos.
Siempre he encontrado tráfico hacia ese destino. Esta vez, gracias a la zona roja, no hay nadie en la carretera: puedes conducir incluso durante 10 minutos antes de encontrarte con otro coche. Todo cerrado, parece que atraviesas el desierto americano. Llegamos al hotel pasada la medianoche. Hambrientos, convenzo al conserje nocturno para que robe queso y cecina del frigorífico, señalando a OdM como diciendo “es demasiado valiosa para dejarla morir de hambre”. Salomón pone de su parte, haciendo lo que sabe hacer mejor: la mirada lastimera de “no como desde hace tres meses”. El conserje refunfuña molesto, pero cumple su misión, ganándose mi plena gratitud.
Cansados del viaje, nos desplomamos en la cama. OjitosDeMiel de día es muy segura, fascinante y – cuando quiere y con quien quiere – coqueta y embaucadora. Por la noche, cuando duerme, es en cambio una niña tierna que solo consigue dormir abrazando la almohada. También me abraza a mí, de forma muy tierna, pero sin soltar nunca la almohada. Es una especie de trío. Mejor dicho, un cuarteto, considerando que Salomón hace todo lo posible por meterse y reivindicar la propiedad de la “perrita“, pero acaba inevitablemente apartado.
Primer día de termas. OdM se empeña en estar siempre perfecta: aunque esté a punto de sumergirse en el agua termal, es inconcebible que no esté bien maquillada, arreglada y con un outfit espacial. Estos días lucirá un traje de baño más sexy que el otro y la habitual ropa interior espacial.
Salimos de la habitación en albornoz y chanclas, entramos en el ascensor y nos encontramos directamente en la planta termal.
Primera parada: ¡las bañeras!

Se trata de enormes barriles de madera, usados para el envejecimiento del Barolo, cortados por la mitad a modo de tina y revestidos por dentro de fibra de vidrio. Se encuentran al aire libre, con vistas a los Alpes. Debido a las restricciones Covid, la afluencia es mínima: las pocas personas presentes se distribuyen por varias piscinas. Nos sumergimos y no nos quedamos a distancia. Después de un par de minutos, le muevo ligeramente el traje de baño y… la penetro. Miro a mi alrededor para asegurarme de que no nos pillen demasiado. Me muevo lentamente, yo encima, ella debajo. De vez en cuando alguien se acerca pero, en cuanto lo entiende, cambia de camino y nos deja en paz. Lástima, empiezo a acariciar la idea de compartir… aunque no tan públicamente, por obvias cuestiones de respeto hacia las demás personas.
La complicidad, el amor por el sexo y un cierto gusto por las situaciones intrigantes constituyen una nota importante de nuestra relación. Juntos, no nos aburrimos nunca.
Claramente, dada la situación, es más un capricho que una sesión intensiva de sexo. De todos modos, sin duda una experiencia para repetir. Nos calmamos, nos relajamos, disfrutamos de una hora larga en la bañera.
Nos movemos, acabamos en una casita con chimenea, cuyo suelo es obviamente una piscina llena de agua termal… ¡la ubicación perfecta para una mamada!
OdM tiene esta veneración por la felación. Muchas mujeres lo hacen por complacer, OdM lo hace por vocación. Chupar el pene es para ella fuente altísima de placer, es un momento de plena realización y – si tuviera que elegir entre penetración y mamada – a menudo elegiría la mamada. Jugamos, nos tocamos, siempre atentos a que nadie nos pille. Termino con venida en el agua termal, jeje.
El resto del día pasa así, entre piscinas, relax y guarradas.
Lo mejor lo alcanzamos en la piscina de la cromoterapia, en horario de mínima afluencia: aquí estamos dentro, tenemos una visión más o menos parcial de quién podría entrar y por tanto nos damos caña en serio, con tanto de filmaciones para nuestro uso exclusivo.
Volvemos a la habitación, deberíamos prepararnos para la cena, pero… nos dormimos abrazados, cocidos por las efusiones y las efusiones termales. Nos despertamos tardísimo, pero conseguimos cenar de todas formas.

El restaurante es una sala decorada con frescos de otros tiempos, muy elegante, con piano, chimenea gigante y orquídeas por todas partes.
Ella está guapísima, los ojos de todos están sobre ella: los hombres la admiran, las mujeres la fulminan con la mirada. Ir con OjitosDeMiel es como ir en Ferrari, llama la atención.
La cosa francamente no me afecta; a menudo he estado con mujeres así de guapas. Pero ninguna ha sido para mí tan importante. Mis ojos son todos para ella y el mundo alrededor desaparece. No me doy cuenta de nada, ni siquiera de la pareja donde él pasa todo el tiempo mirando a mi mujer y su compañera le echa la bronca de lo lindo y se lo lleva a la fuerza… con él que sigue mirando a OdM. Siempre me sorprende cómo ciertos matrimonios convierten a los hombres en muertos de coño. O quizás ya lo eran antes, independientemente.
Después de cenar, infaltable la vuelta por el bar del hotel para el amargo. Aquí Salomón conquista a Ugo, el encargado del bar, obteniendo medio kilo de degustaciones de embutidos típicos… gratis. Considerad que Ugo, por la tarde, me había pedido 15 € por una idea de tabla (2 lonchas de cecina, 2 focaccias mignon y 2 aceitunas mustias)… ¡La vida de perro la llevo yo, no Salomón!
Nos desplomamos en la cama exhaustos y nos dormimos entre efusiones y abrazos.
Otro día, otra vuelta. Lo hago corto, no voy a contaros todos los sitios fantásticos y cómo los hemos vivido. Solo os digo que ella, mientras disfruta, es la criatura más guapa del mundo. Debería ser expuesta en un museo, con incluso críticos de arte comentando los ojos entornados enmarcados por las pestañas abundantes, la boca entreabierta, con los labios hinchados de placer, que jadean porcamente y susurran “quiero tu pene” con las vocales cerradas y tono aristocrático.
La lujuria es solo una parte de la experiencia. Ella es cada vez más tierna, más presente y atenta. Y yo me descubro cada vez más romántico. Me cuesta reconocerme. Vivo las emociones a tope y lo saco todo, como nunca antes.

Último día, última noche. OjitosDeMiel se ha vuelto loca, quiere hacerme mamadas en todos lados. Empezamos en el bar, mandando a Salomone a distraer al encargado mientras ella chupa de rodillas, con nosotros en el centro de la sala. Total, no hay nadie.
Nos movemos a la zona de fumadores, una habitación con 3 (¡digo: tres!) paredes de cristal y la cuarta… con ventanas. Yo espatarrado en el sofá, ella siempre de rodillas, con una manta que la esconde parcialmente a la vista. Muy parcialmente.
Finalmente la idea de las ideas: le digo <<Estaría bien follar en las termas, aunque ahora estén cerradas>>. La idea la excita. Podríamos ir a escondidas, pero no sabemos si la planta está alarmada. Entonces, decidimos intentar convencer al conserje. Le digo <<Vamos juntos, pero insistes particularmente tú, pon ojos dulces, haz dos carantoñas>>. Ella acepta el reto.
Ella: <<Disculpe, quisiera pedirle una gran cortesía. Mañana salimos pronto y me encantaría darme un último baño en las termas >>
Él: <<Ehm, lo siento, están cerradas, no se podría>>.
Ella insiste, continuando asintiendo con la cabeza (técnica leída en algún libro), con aire coqueto, siempre elegante y amable pero dando a entender entre líneas que le encantaría follármela en la piscina.
El conserje intenta objetar, pero al final cede, diciendo “ok, os abro la puerta y os enciendo las luces. Pero si os ve alguien, yo no sé nada”.
Me felicito con el genio del mal, nos ponemos el albornoz y corremos a sumergirnos en la piscina. Es una de las más bonitas, mitad dentro y mitad fuera, una especie de balcón que da a los Alpes. Empezamos juguetones y alegres, como dos niños embelesados por la belleza del lugar y por la conexión entre nosotros. Luego surge un pensamiento: saber que el conserje podría espiarnos nos excita particularmente. En la esquina veo algo que podría ser una cámara. Está oscuro, no veo bien. Coloco a OjitosDeMiel justo debajo, en posición de máxima visibilidad y empiezo a follármela en el agua.
<<Mira a la cámara y hazle entender al conserje que estás pensando en él, que te lo follarías>>. Ella alcanza cotas de guarrería nunca vistas. Después, la infaltable mamada.
Por último, las caricias. Nos quedamos abrazados mirando los Alpes, mimándonos, cuidándonos el uno al otro. De repente empieza a nevar. Ella dice: «Es mérito mío, tengo los poderes. Has deseado todo el tiempo que nevara y yo… he hecho que nevara para ti >>.
Momento romanticísimo.
Lo disfrutamos.
Luego ella se preocupa de que la nieve pueda obstaculizar la vuelta.
Y, de repente, deja de nevar.
Me mira, guiñando un ojo 🙂
No sé si efectivamente ella tenga el poder de controlar los fenómenos atmosféricos.
Pero estoy convencido de que un superpoder realmente lo tiene: el de hacerme enamorar.
Y, considerando la vida que llevaba, es más difícil que hacer nevar
ACTUALIZACIÓN: a la vuelta… nos hemos hecho pareja (exclusiva, monógama, etc.) y ahora vivimos juntos. Pero no antes de un mega drama con el ex que se hace el vivo con cientos de rosas y ella que primero me deja y 6 horas después me persigue al estilo comedia romántica.
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