
Revisando por casualidad esta escena de El club de la lucha, una de mis películas favoritas, pensé:
“¡Dios mío, podría ser la comparación entre yo (Paolo) y mi alter ego (El Magnífico)!”
Elegí este apodo hace muchos años, cuando me lancé al mundo de las citas en línea con todas las inseguridades de un hombre que hasta entonces solo había estado con una mujer durante 20 años.
¿Gustaré?, ¿seré capaz de ser interesante?” y mil otras inseguridades que llevaron, por compensación, a la creación de este alter ego aparentemente súper seguro y súper guay, el Magnífico, precisamente.
En realidad, la lección más importante que aprendí después de pocos meses es que el verdadero superpoder en la interacción con los demás (las mujeres en particular) es la autenticidad.
Es más, paradójicamente, cuanto más expresaba mis vulnerabilidades, mi sensibilidad, mis inseguridades… más conectaba con la otra persona, más ella se abría, se involucraba, se encariñaba.
Desde hace años, ya, todas las chicas que conozco me dicen que se sienten conectadas enseguida, que me están contando cosas que generalmente no cuentan nunca, que se abren porque yo soy el primero en abrirme.
Hoy, en mis encuentros, yo soy tanto Paolo como el Magnífico, de manera totalmente auténtica, fusionada y natural.
¿Y entonces por qué sigues firmando con el apodo Magnífico? Porque me hace reír demasiado 🙂
¡Si NO has visto El club de la lucha, NO veas este vídeo! (spoiler)
PD.
¡También quiero el abrigo de piel como Brad Pitt!
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