
Y nada, después de cinco años de relación con mi ex de toda la vida, se acabó.
Abrí este blog sintiéndome un león, listo para saborear la vida con ferocidad, para cazar indómito pero con respeto solo a las presas más interesantes.
Luego conocí el amor y, más que un león, resulté ser un gilipollas… en el sentido bueno y noble de la palabra. Luché con mis vulnerabilidades, me enfrenté a mis debilidades. Deseé tanto a mi ex de siempre que intenté ser la mejor versión y la más auténtica de mí mismo, más allá de las gilipolleces que me contaba y de las ideas equivocadas que tenía.
Renuncié a todas por ella, me despedí de TetteDolci y nunca escribí sobre la Condesa (aunque solo sea para ver si algún día viene a pegarme a la puerta de casa). Comprendí que hacer el amor de verdad es mil veces más intenso y satisfactorio que mil polvos. Comprendí que solo la quería a ella, ser solo suyo.
Lo intentamos. Fue duro. No lo conseguimos.
Así que, aquí me tenéis de nuevo.
No León sino… Leoncito.
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