En el corazón de Milán, a pocos metros del caos de los Navigli, escondido a la vista de canis y gentuza, resiste una pequeña joya: el Doping. Más club que local, más oasis que confusión, el Doping Club ha estado siempre en mi top tres de lugares especiales. Si fuera una persona, sería un caballero ecléctico de otros tiempos, con monóculo y chistera, guantes blancos ligeramente desgastados por...