Bajo de la lancha auxiliar y me dirijo a grandes zancadas hacia la furgoneta negra. Mi invitada y mi ordenador nuevo me esperan allí dentro. Cristales tintados, no veo quién hay dentro. Le hago una seña al chófer, abre la puerta de la furgoneta y ahí está ella, Ninfetta. La chica baja ágilmente, me mira un momento y se me echa encima: “ ¡Eh, no eres tan viejo! ¡Eres joven! . Continua, besándome:...
